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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Capítulo 5: El concilio de Estelang

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Farin encontró el refugio al caer la noche: un hueco entre grandes piedras, protegido por arbustos espinosos y con suelo seco. Allí encendieron un fuego pequeño, oculto por una pantalla de rocas, y se acomodaron lo mejor que pudieron. El cansancio los alcanzó como una marea. Farin fue el primero en montar guardia, golpeando el suelo con la bota cada vez que el sueño lo vencía. El viento nocturno trajo sólo el murmullo de las hojas y el lejano rumor del río. Ningún aullido, ningún crujido sospechoso. A la mañana siguiente, tras un breve desayuno, regre saron al lugar del combate. No había nuevos rastros: ni huellas frescas, ni señales de que más orcos hubieran merodeado durante la noche. El cadáver del hombre seguía enterrado donde lo habían dejado, y el cubil de los orcos continuaba oculto bajo la tierra removida. Con el ánimo algo más sereno, emprendieron de nuevo la marcha hacia el este. El terreno se volvió cada vez más abrupto. Las suaves colinas dieron paso a lomas pedregosas, gri...

Capítulo 4: Rumbo a Rivendel

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Hafgrim anunció que atendería la llamada de su antepasado y pondría rumbo a Rivendel. —Si el mal ha despertado en la montaña oscura —dijo—, debo seguir el consejo de Cirdan y buscar a Glorfindel en la Casa de Elrond. Edrahil asintió con gravedad. —Rivendel es el lugar adecuado para encontrar respuestas sobre Amon Guruthos . Os guiaré por los caminos ocultos que conducen al valle escondido. Los tres compañeros emprendieron viaje hacia su nuevo destino. La bruma del Aguada Gris les acompañó durante días, y cuando por fin cruzaron el puente del Brandivino, el cielo se oscureció de forma súbita. Un rugido de viento descendió de las colinas, haciendo inclinarse los árboles y levantando hojas en remolinos. Edrahil levantó la mano. —¡Vendaval! ¡Buscad abrigo! Corrieron hacia un viejo roble hueco que Farin descubrió a un lado del camino. El aire rugía como el aliento de un dragón furioso, y durante un rato solo se oyó el fragor del viento y el restallar de las ramas. Cuando por fin amainó la t...