Al amanecer, un viento descendíó desde las cumbres allá en el este, arrastrando consigo el frío de la nieve acumulada durante el invierno. Tras un día de descanso en el campamento improvisado en las cercanías de Ost-in-Edhil, y a la vista de aquellas ruinas que apenas sugerían su pasado glorioso, el grupo reanudó la marcha siguiendo el curso del Sirannon . El río, serpenteante y de aguas oscuras, parecía guiarlos hacia un destino que todos aguardaban con inquietud e impaciencia. Edrahil caminaba en silencio, su figura esbelta y ágil apenas perturbaba el aire a su alrededor. El elfo había recuperado sus fuerzas, aunque una sombra de preocupación aún nublaba su mirada. Al segundo día, mientras el sendero se estrechaba junto al río, su pie resbaló en una piedra cubierta de mugo. Por un instante, su cuerpo se inclinó peligrosamente hacia el vacío, pero con un movimiento casi sobrenatural —como si el mismo viento lo sostuviera— recuperó el equilibrio. Farin, que marchaba tras él, contuvo e...
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